El pasado 13 de diciembre Lambicus obtuvo la distinción oficial como embajador de Orval 2024, honor compartido en el ámbito de Cataluña con la cervecera Olut de Sabadell y a nivel estatal con La Cebada de Zaragoza y Be Hoppy de Madrid. Hay que tener en cuenta que es la primera vez que se concede este título a nivel del estado español.
Embajadores de Orval
Acompañados de representantes de todos ellos excepto de Be Hoppy por cuestiones personales, y de Erik Coene de Cervebel, importador de Orval en España, y en el marco incomparable de la abadía de Notre-Dame d’Orval, tuvimos el privilegio de visitar las instalaciones de la cervecera que solo se pueden ver una vez al año durante la jornada de puertas abiertas, y también visitar una parte de la abadía normalmente cerrada al público. La organización también nos ofreció una comida que compartimos con todos los nuevos embajadores de fuera de Bélgica y asistimos a la ceremonia de entrega de las placas acreditativas, un acto muy emotivo en el que tuvimos la oportunidad, entre muchas otras cosas, de hablar con la maestra cervecera y con todo el equipo de la quesería.
Llegar hasta aquí no ha sido fácil. El próximo 12 de junio celebraremos nuestro décimo aniversario y es bueno recordar que la primera cerveza que vendimos en Lambicus fue precisamente una Orval. Desde el primer día, Lambicus apostó por ofrecerla siempre a sus clientes y no solo eso, sino también por darles la oportunidad de probar diferentes añadas de la misma. Esto nos obligó a llevar a cabo una labor pedagógica para acercar a nuestros clientes la idea de que muchas cervezas belgas son evolutivas y que pueden cambiar o mejorar con el paso del tiempo como los buenos vinos.
Una cerveza única
Si bien es cierto que en general las que mejor lo hacen suelen ser las tostadas con un contenido generoso en alcohol y preferentemente envasadas en botellas de 75 cl con tapón de corcho, el Orval, por sus características específicas, la podemos considerar un punto y aparte. El hecho de que en su elaboración se utilicen levaduras de alta fermentación y Brettanomyces Bruxellensis hace que el Orval pase de una juventud afrutada, lupulizada, amarga y sutilmente ácida, a una madurez en la que el amargor se va retirando y da paso a una ligera acidez y a una complejidad aromática y en boca que nos atreveríamos a definir como única en el mundo.
Sobre las preferencias de sus consumidores hay disparidad de opiniones. La maestra cervecera actual, Anne-Françoise Pypaert, y su predecesor, Jean-Marie Rock, la prefieren joven, entre 3 y 6 meses. En cambio, la mayoría de los consumidores de la región donde se elabora, la Gaume, la prefieren entre 6 meses y 2 años.
Las ollas de cocción celestiales
Aunque la receta original del Orval es de 1933, esta no ha sido siempre igual. «Antes las mujeres no lo amaban. Su amargor era demasiado pronunciado y persistente. Por este motivo he ajustado la receta y ahora, aunque sigue siendo amarga, es más suave y redonda. En definitiva, resulta más fácil de beber», afirma la señora Pypaert.
¿Cómo se hace un embajador de Orval?
Pero volviendo al tema que nos ocupa hoy, debemos reconocer que difícilmente podíamos imaginar cuando empezamos que, gracias a nuestro respeto por esta gran cerveza, un día iniciaríamos una carrera «diplomática» como embajadores de Orval. Este privilegio conlleva ciertas obligaciones que se pueden resumir en tres palabras: presencia, servicio y creatividad.
En primer lugar, el establecimiento que exhibe la placa como embajador debe facilitar la visibilidad del producto y por eso cuenta con material publicitario de apoyo. En cuanto al servicio, estamos obligados a ofrecer el Orval fresco o a temperatura ambiente, el servicio debe llevarse a cabo correctamente, con el logotipo de la copa mirando siempre hacia el cliente, ofrecer las levaduras por separado y tener siempre en la carta el queso de la abadía. En cuanto a la creatividad, hay que organizar actividades como catas u otros tipos de actividades que permitan a los clientes conocer más a fondo el producto que disfrutarán.
Cabe señalar que fuera de Bélgica solo han obtenido esta distinción 135 establecimientos en todo el mundo, destacando Italia y Holanda en Europa y Estados Unidos en el continente americano.
Obtener este reconocimiento nos llena de satisfacción, sinónimo de trabajo bien hecho, pero es evidente que sin todos vosotros esto no habría sido posible. Aunque estamos convencidos de que el Orval es una de las mejores cervezas del mundo, no es una cerveza fácil: su astringencia y su amargor hacen desistir a mucha gente de una segunda oportunidad, pero también son muchos los que la aman con locura y, con su pasión e insistencia, consiguen ampliar su selecto club de seguidores. ¡Larga vida al Orval!

